Biografía de Antonio J. Palacios, programador de Utopig

Resumen: Cuando llegó a Utopig descubrió que el conocimiento que había adquirido en su formación no era más que la punta del iceberg. Lejos de desmotivarse, le emocionó darse cuenta de todo lo que todavía le quedaba por aprender.
Escrito por Antonio el 8 julio 2021
Temas: Equipo

Por alguna razón, siempre he sentido una atracción por la tecnología, ya desde pequeño me encantaba trastear todo aquello que llevaba botones. No me paraba a pensar en el funcionamiento de las cosas, simplemente sabía que si pulsaba la combinación correcta, la máquina en cuestión haría lo que yo quería que hiciese.  
Años después vino a mi mente una pregunta que, vista con perspectiva, me sorprende no haberme hecho antes: “¿Por qué si pulso este botón ocurre esta acción? ¿Quién elige esto?”, y de esta manera tan simple descubrí la programación, descubrí que hay personas con el poder de elegir lo que la tecnología debe hacer. Además, tras investigar descubrí que esa misma gente se gana la vida dándoles órdenes a las máquinas, y decidí que me convertiría en una de esas personas. Esta idea me llevó a formarme en informática, y tras pasar por un ciclo superior, la universidad, y trastear mucho por el camino, sentí que estaba listo para salir al mundo laboral.  
Mi objetivo era encontrar un lugar en el que trabajar cómodamente con un ambiente más familiar que profesional, por lo que sentía que las grandes empresas no eran mi lugar. El proyecto debía ilusionarme, motivarme a hablar de él y hacerme sentir orgulloso del mismo. Y además, quería que fuese algo a largo plazo, no un trabajo puntual. Básicamente buscaba algo que no existe para alguien con ninguna experiencia laboral. 
Y ahí, tras muy poco tiempo de búsqueda, apareció Utopig. Parecían contar con un ambiente inmejorable, una pequeña familia en lugar de compañeros de trabajo, y unos ideales con los que me sentía más que identificado. Me hicieron una entrevista y debí caerles bien, porque me propusieron formar parte de su proyecto pese a saber que no tenía ninguna experiencia. Como no podía ser de otro modo, acepté sin dudar. 
En aquel momento empezó una etapa de crecimiento que continúa hasta día de hoy, donde sigo aprendiendo de mis compañeros y esforzándome por aprovechar la oportunidad que me regalaron.